miércoles 20.11.2019
Reportaje acerca de la tecnología en las aulas

"¿Para qué vamos a gastarnos más en pizarras digitales, si vamos a pintar igual que lo haríamos con una tiza?"

Respondemos a algunas de las preguntas más relevantes acerca de los usos de la tecnología en las aulas, los cambios que propician y sus consecuencias directas con alumnos y profesores.
Photo by NeONBRAND on Unsplash
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¿Está la tecnología transformando la enseñanza?

Podemos afirmar la presencia tecnológica en la mayoría, sino en todos los campos y sectores de la sociedad.  El avance y los nuevos recursos se van arraigando en las diferentes estructuras y ocasionando un cambio significativo en ellas.

La educación es uno de esos sectores que se está viendo obligado a modificar su estructura. No obstante, la presencia de un extenso debate acerca de la eficacia de dichas ‘actualizaciones’ cuestiona esta labor.

No obstante, la integración tecnológica del sector educativo es un proceso que está ocurriendo aún más rápido de lo que lleva rediseñar el sistema. Esto provoca numerosas veces un decrecimiento en los resultados esperados y que muchas de las iniciativas puestas en marcha se archiven como fracasos.

Photo by Nicole Honeywill / Sincerely Media on Unsplash

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¿Nos está ayudando realmente?

Muchos usuarios recordarán aquellos portátiles con los que se dotó a alumnos de primaria en Andaucá y con los que se esperaban cambios significativos, los libros en formato digital, o incluso las tan obviadas pizarras digitales. Todo ello llegó para ‘mejorar la educación’, y ahora esos portátiles se encuentran cogiendo polvo en algún recóndito lugar de nuestras casas.

Este sencillo ejemplo da una clave importante acerca del uso de las tecnologías en cualquier ámbito: nos aferramos a la idea de que es un elemento que mejora todo aquello a lo que se implementa, despreocupándonos realmente de encontrar la manera correcta de usarla. El fracaso de los ordenadores portátiles se produjo por creer que, por cambiar el formato, la enseñanza consecutivamente mejoraría.

Con esto no quiero decir que la tecnología no pueda ayudarnos, de hecho, sí que puede, siempre y cuando sea usada adecuadamente como parte de algo mayor.

 

¿Qué estamos haciendo mal?

En otros países, algunas tecnologías han sido restringidas en el ámbito educativo, pues no han sido capaces de dominarlas o sacarle partido. En Francia, se ha iniciado el curso escolar con una nueva normativa que prohíbe terminantemente el uso de teléfonos móviles en los colegios de Primaria y Secundaria.

"Tenemos una visión equivocada de la tecnología" constataba Fran García, miembro del Departamento de Investigación, Desarrollo e Innovación en la Educación de Google. Para el Estado, por ejemplo, es muy ‘fácil’ conceder el recurso tecnológico poniendo dinero para comprar más dispositivos. Pero “¿para qué vamos a gastarnos más en pizarras digitales, si vamos a pintar igual que lo haríamos con una tiza?” planteaba en su discurso de Virtual Educa Puerto Rico.

Fran García daba perfectamente en la tecla del problema: “La tecnología no es un fin, es un medio”. Quizás hayamos aplicado mal la mítica frase del filósofo Maquiaveloel fin justifica los medios”, al no saber distinguir correctamente entre ambos. Implementar tecnologías en las aulas no resuelve el problema, porque no son una solución, son un medio que debe ir unido a algo más para lograr el cambio.

 

¿Cómo podemos plantear una educación para este mundo lleno de cambios?

Educar de espaldas a la tecnología es enseñar un mundo que no es el actual. Por ello se trabaja para encontrar la manera de hacer compatibles la tecnología y el sistema de aprendizaje. El uso de la tecnología como base para una nueva organización del sistema educativo, pero sin olvidar que es un medio.

Puede que las tecnologías cambien, pero las habilidades y competencias de las aulas no lo hacen tan rápido. Si comparamos la foto de un aula hace 50 años y otra actual, nos daríamos cuenta de que ambas son prácticamente iguales, nada ha cambiado demasiado: un profesor, una pizarra, los alumnos en sus pupitres. No se puede llevar a cabo un cambio así porque sí, quizás incluso no sea necesario. Hay que cuestionarnos cuáles son dichas competencias y cómo podemos mejorarlas.

La reconocida educadora María Montessori decía que para que una educación sea provechosa, tiene que ser: interactiva, principal factor para mantener al alumno activo y motivado; y personalizada, pues consideraba que el mejor ritmo de aprendizaje es el propio. Esto es perfectamente aplicable hoy, e insistía Fran García en que es precisamente lo que debe reforzar toda implementación tecnológica que busquemos.

¿Debemos sustituir a los profesores por máquinas?

Muchos educadores se cuestionan: ¿están los alumnos preparados para el cambio tecnológico? Pero realmente la pregunta adecuada sería: ¿lo están los profesores? Muchos plantearían que un maestro dando una charla puede ser sustituido fácilmente por un video, y aportaría el mismo valor.

Es cierto que la llegada de las tecnologías trae consecuencias directas para la labor que siempre han venido desempeñando los profesores. Un cambio en el paradigma de la enseñanza requiere un cambio en el rol de los maestros, pero no necesariamente debe significar su exclusión.

Fran García hace hincapié en que es necesario encontrar aquello en lo que más valor aportan, lo que mejor hacen: resolver dudas y desatascar al alumno. Podemos llenar una clase de tablets en las que los estudiantes puedan llevar un ritmo propio de aprendizaje al mismo tiempo que se mantienen activos, pero si alguno se queda atascado, solo un profesor puede ayudarlo a continuar. Este en un aspecto al que la tecnología no llega, se queda corta.

“La tecnología sin el acompañamiento al profesorado está destinada al fracaso” establecía Fran García. Debemos desmentir el bulo y darnos cuenta de que todas las tecnologías no valen para todas las actividades, y es ahí donde se hacen indispensables las personas. Añadía “la figura del maestro no cambia, pero sí la tenemos que transformar”. Además, no debemos olvidar la parte humana y emocional que, al fin y al cabo, conecta más con los alumnos que cualquier dispositivos o programa digital.

 

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