martes 26.05.2020
OPINIÓN

El ​blackface ​en las cabalgatas

El 5 de enero de 2020 surgió una iniciativa como respuesta al uso del ​blackface​ en las cabalgatas de nuestro país, una campaña creada por Casa Nostra Casa Vostra y el colectivo de actores y actrices Tinta Negra, para denunciar el trasfondo racista y discriminatorio que representa esta práctica para el colectivo de raza negra, práctica normalizada y extendida en nuestra tierra.
¿Pero qué es el ​blackface​? ¿Y por qué se considera una práctica tan racista hacia la raza negra?

Carla del Cerro

​El problema del ​blackface es que no solo se limita a que una persona se pinte la piel de un color más oscuro, o que se ponga un disfraz para representar a una persona negra, el uso del blackfacer​epresentaosimboliza​elrecuerdodeunahistoriaracistaydolorosaparalosquela sufrieron y para los que ahora padecen su legado.

Aunque no se sabe el momento exacto en el que se comenzó a desarrollar esta práctica, se cree que se remonta a producciones centenarias europeas, siendo una de las más famosas Othello de Shakespeare. Poco a poco, se fue extendiendo en el siglo dieciocho con la llegada de los europeos a Estados Unidos, pero no comenzó a desarrollarse plenamente hasta finales del siglo diecinueve y principios del siglo veinte, durante el periodo de la Guerra Civil. Actores blancos eran utilizados para representar de forma “cómica” papeles de afroamericanos, se pintaban la piel con cremas para zapatos, corcho quemado o pintura negra, se vestían con ropa andrajosa y exageraban las facciones negras para cumplir con los estereotipos de esta raza.

Estos actores utilizaban todo el rango que existía de concepciones racistas y negativas tales como las ideas de que las personas afroamericanas son perezosas, ignorantes, supersticiosas, hipersexuales, cobardes y criminales, entre otras, como una forma de hacer comedia, que, obviamente, era solo valorada y disfrutada por el público blanco. Esta práctica representaba un claro ejemplo del nivel de segmentación y de exclusión que existía en la sociedad americana de esos años. Demostraba que ya ni siquiera un hombre o una mujer afroamericana podía hacer un papel de su raza porque ya había un actor o una actriz blanca que lo hacía por ellos. Además, representaba una clara desigualdad entre ambas razas, que permitía a un grupo de personas tener la suficiente superioridad moral para discriminar sistemáticamente a un colectivo de la sociedad, consiguiendo incluso que esta se llegara a normalizar .

El nivel de discriminación en el mundo del cine era tal para los afroamericanos que incluso ellos mismos se ofrecían a hacer estos papeles denigrantes, ya que el público blanco solo iba a estar interesado en ver actores negros ridiculizándose y promoviendo estas ideas y concepciones racistas.

Básicamente, el ​blackface se podría definir como un género “cómico” que utilizaba actores blancos para hacer reír a un público blanco con un humor claramente racista y ofensivo hacia la comunidad afroamericana.

Justamente, las representaciones denigrantes que se hacían hacía los afroamericanos, coincidieron con un periodo en el que las legislaturas de los estados meridionales aprobaban black codes ​como formas de restringir los derechos y las libertades y crear así una sociedad cada vez más segmentada entre los blancos y los antiguos esclavos afroamericanos. De hecho, estos nuevos códigos y reglas fueron llamadas las leyes “Jim Crow”, como un personaje del ​blackface.​

El uso del ​blackface como “comedia” fue disminuyendo poco a poco a finales de 1930, en el desarrollo del Movimiento por los Derechos Civiles. Desgraciadamente los esteriotipos negativos hacia los afroamericanos y la discriminación hacia la piel oscura han persistido en las últimas décadas.

En los debates actuales sobre el ​blackface,​ su historia y su pasado racista son habitualmente cubiertos con una cortina de ignorancia, con la excusa de la falta de sensibilización o de concienciación sobre este tema.

Pero, ¿realmente sirve esa excusa?

Volviendo al marco español, puede que algunos habiendo leído todo lo anterior estén ahora pensando que qué tiene que ver todo esto con las cabalgatas, que lo que se hizo en Estados Unidos estuvo muy mal pero aquí, en España, es diferente, no tenemos esa cultura ni ese pasado de esclavitud ni esas leyes de segregación. Nosotros en ningún momento lo hacemos con una intención de mofarnos o de ridiculizar de ninguna manera a las personas de raza negra. Puede que esto no sea 100% verídico.

Es verdad que el nivel de racismo que existe en España hacia la raza negra no es comparable al de Estados Unidos, no tenemos ese pasado colonial de esclavitud negra, en nuestro territorio, no hemos llegado a aplicar leyes tan segregatorias, pero de lo que sí tenemos culpa es de escoger a una persona blanca para hacer el papel de una persona negra. Si realmente no existe ningún problema de ​blackface en España, por qué insistimos en escoger a personas blancas, “disfrazarlas” de personas negras para que hagan personajes como Baltasar o los beduinos, habiendo disponibles personas que de verdad son de raza negra para hacer estos papeles.

Por qué seguimos con la cantilena de “es que en mi pueblo o en mi ciudad no hay nadie de raza negra” cuando realmente el problema es que ni hacemos el esfuerzo por buscar a esas personas o a esos colectivos que perfectamente podrían ofrecer candidatos de raza negra para hacer estos papeles, como el colectivo de actores y actrices Tinta Negra.

Al final de una forma u otra tenemos la misma culpa que aquellos directores americanos de principios del siglo veinte, que sabiendo que habían disponibles actores o actrices de raza negra para hacer esos personajes, preferían pintar de negro y poner facciones exageradas a personas de raza blanca para que hicieran ellos estos personajes.

¿Tanto nos cuesta reconocer la connotación racista que existe en esta práctica, aprender de nuestros errores y comenzar a eliminar el ​blackface​ de nuestras fiestas?

Debemos, como sociedad, ir avanzando hacia un futuro más inclusivo, tenemos que eliminar de nuestras fiestas, de nuestras tradicciones, esas prácticas racistas que solo crean diferencias y humillaciones a ciertas minorías y colectivos.

Vivir en la ignorancia no puede ser una excusa para siempre, es hora de cambiar esta realidad.

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