martes 26.05.2020
CÓMO SOMOS

Para lo que nos interesa

Guadalupe Aguado

No soy la típica persona a la que le guste desobedecer. Ni a mi madre ni a las leyes. Sí que he tenido alguna época en la que era más rebelde, que iba más a mi bola, pero en general, siempre he sido bastante responsable. Por eso, habiendo estado en los dos bandos (los que obedecen y los que no) puedo decir que tengo derecho a opinar sobre ambos. No me voy a poner a hablar del coronavirus, tranquilos. Pero sí que voy a aplicar mi opinión a este tema. Voy a clasificar a esos dos bandos como los «ofendiditos» y los que llevan la contraria.

Siento decirte que ser políticamente correcto está directamente relacionado con pertenecer al grupo de ofendiditos. Si cuidas cada una de tus palabras para intentar no ofender a nadie y así no tener haters, eres un ofendidito, porque tú mismo eres el que critica cada paso erróneo que da una persona, y eso es agotador. Yo lo he vivido desde las dos partes, así que permíteme que te recomiende que no seas tan exigente, ni con tus palabras y hechos ni con los de los demás.

En la otra cara de la moneda encontramos a los que no se sienten cómodos intentado agradar a todo el mundo. Es el bando que va a lo fácil, no se complican en buscar las palabras correctas ni en hacer lo que le gustaría a todo el mundo que hicieran. Yo los llamo también «pasotas». Aquí es donde me gustaría introducir el tema “mascarillas” (prometo que no nombraré la palabra que empieza por ‘C’ y acaba por ‘oronavirus’). Vamos a ver, que no sea obligatorio llevar mascarilla, no significa que no debamos llevarla. Es decir, no es necesario que algo sea obligatorio para hacerlo. Entiendo que tú pasas de todo y que tus oídos se vuelven sordos cuando escuchan la palabra “recomendable”, pero tampoco te cuesta nada llevar una y es por el bien de todos, incluso por el tuyo, aunque no lo creas.

Sea como sea, está claro que somos de una manera u otra según lo que nos interesa. Si por algo nos caracterizamos los que pertenecemos a un grupo o a otro es por nuestra volubilidad. Si un día nos apetece ser políticamente correctos, vamos a criticar hasta a la que no se hace una coleta para salir a la calle porque puede coger piojos, y otro día seremos unos pasotas que nos pondremos a surfear la ola de un tsunami. No tenemos remedio.

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