jueves 16.07.2020
OPINIÓN

Volverán las oscuras golondrinas

Julia Nieto

Desde que decidí echarle un pulso a la historia contemporánea y marcarme un éxodo de lo urbano a lo rural, paso los días entre el medio natural y el ecosistema de las redes sociales. ¿Qué esperabas? Una no se “desintoxica” de su condición de urbanita tan fácilmente.

Justo hace una semana, presencié la primera tarde de verano del pueblo y como buena cosmopolita que no conoce lo que es trabajar a pleno sol, me dispuse a pillar moreno. Mi sorpresa fue que ni cinco minutos duré: las okupas violentas que habían tomado como suyo mi patio trasero, no me dejaban. Y es que parece que les tengo que pedir permiso a las golondrinas para que me dejen vivir en mi propia casa. ¿Tú te crees? Desde que pusieron a precio de oro la demolición de sus pisitos, no solo me persiguen amenazadoras cada vez que salgo al patio como un casero al que se le deben cinco meses de alquiler, sino que las muy sin vergüenzas se dedican a descascarillarme la pared recién pintada y a dejar su rastro por todo mi patio, como si fuera un baño público de caseta de feria. En fin, tampoco les puedo recriminar nada, podemos decir, que es mi derecho a vivir en paz contra su libertad de expresión.

También te digo que, con algunos días de distancia de aquel suceso, no he vuelto a salir. ¿Que mis ganas de salir a tomar el sol se están viendo colapsadas por no enfrentarme a estas pintorescas vecinas? Puede ser. ¿Que vaya a ir a luchar por mi libertad de vivir tranquila? Eh… mejor me quedo mirando Twitter.

Y es que, para ejemplos de libertad, los que encuentro por aquí: un comentario tachando de machista y retrógrada a una mujer por haber dado abiertamente su opinión contra el aborto, varios lectores mencionando a un periódico para que despidieran a una columnista que había declarado que iba a misa los domingos, un político censurando el comentario de un usuario afectado por los ERTES…

Cada día el “timeline” de Twitter se parece un poco más a mi patio trasero: todo lleno de cagadas de pájaros respaldados por un derecho legal y que prohíben a quien no son de su bandada pasar tan si quiera por ahí.

Ojo, que no digo con esto que no puedan soltar sus excrementos a gusto. Por mí, como si se quieren hacer otros tres pisitos adosados, pero que al menos, me dejen salir al patio.  

 

Volverán las oscuras golondrinas
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