jueves. 25.07.2024

Vuelan las abejas polinizando las flores del Parque Natural de la Sierra de Cardeña y Montoro, transportando néctar a las colmenas de Lorenzo Ruiz, fundador junto a su esposa Josefa Madueño de la empresa Apícola de Montoro, que vuela también a nivel nacional y a veces internacional llevando mieles, polen, y todo lo mejor del mundo de las abejas.

Me ilusiona esta entrevista con Lorenzo Ruiz, al que ya admiro sin conocerlo, por mi predilección por las abejas, por la miel, y por toda la maquinaria que ellas ponen en marcha en la más perfecta y fantástica de las fábricas del mundo que es la naturaleza.

Llego a Montoro, un pueblo milenario que suelta la mano de la campiña y coge fuerte la de Sierra Morena, subido a una loma a 45 km de Córdoba, y declarado Conjunto Histórico Artístico por su urbanismo musulmán de Al-Ándalus. También es monumento natural su travesía caprichosamente bella del río Guadalquivir, donde se hace más visible este brote primaveral de abril después de las lluvias de hace una semana.

Cuando llego a la puerta de las instalaciones Miel Sierra de Montoro, antes de ver su nombre y entrar, ya sé que no me equivoco de lugar; el aroma a cera de las colmenas impregna el aire y trae a mi memoria el grato recuerdo de mi traje de apicultora, de aquellos amaneceres que me ponía a sujetar el ahumador de hierbas secas para adormecer las abejas, cuando ayudaba a mi padre a sacar la miel y cuidar las colmenas de corcho que tenía como aficionado para nuestro autoconsumo de miel, práctica muy generalizada en los pueblos.

Foto cedida por Apícola Montoro Lorenzo Ruiz Prieto y Josefa Madueño Madueño
Lorenzo Ruiz Prieto y Josefa Madueño Madueño trabajando en las colmenas. Foto cedida por Apícola Montoro.

Accedo a la bodega de miel, a la entrada hay unas estanterías con productos de la colmena, tarros de miel cubierta la tapa de tela y lacrados de forma artesanal, velas de cera, y estuches de regalo del delicioso elixir a la venta. Son frecuentes las visitas guiadas para conocer el proceso de elaboración de las abejas, sus variedades y secretos.

Mi encuentro con Lorenzo Ruiz es afable y agradable, como él. Nos sentamos y le pregunto por sus inicios en la apicultura; una sonrisa permanente endulza sus palabras hablando de la miel, con vitalidad y entusiasmo.

Cuando Lorenzo Ruiz acababa de aprobar en 1980 las oposiciones para policía municipal en el Ayuntamiento de Montoro, solo compartía dos colmenas: "La apicultura fue porque un amigo mío, todavía seguimos siendo amigos, su hermana le dio dos colmenas, me preguntó y no sabíamos qué hacer con ellas, y dijimos – vamos a hacer un curso de apicultura –". Sólo el recuerdo de aquellas dos colmenas en sus palabras, adivina el orgullo y la satisfacción por el camino recorrido.

A mitad de la década de los ochenta, Lorenzo había conseguido tener 90 colmenas y sólo hay que escuchar cómo lo cuenta para sentirse cómplice de su pasión por el mundo de las abejas. El año 1986 le hace pausar su relato; supone un antes y un después en su afición a la apicultura: “En el año 86  nos arruinamos, vino la varroa de otros países y nos mató las noventa colmenas que teníamos. Habíamos hecho un desembolso bueno de material’’. Sorprendida, le pregunto ¿Qué hiciste entonces? Me cuenta cómo su mujer una mañana que estaba él un poco venido abajo, que no es su forma de ser, le dijo: “¿Qué te pasa? A ti te gustan las colmenas ¿verdad? Pues a mí también”. A partir de ese día, aquel año, 1986, Lorenzo, junto con Josefa, su esposa, comenzaron desde cero, seguros de querer ser apicultores emprendieron de nuevo el camino de las abejas. “Siempre decidimos los dos, y decidimos prepararnos muy bien, haciendo cursos, pidiendo ayudas, acudiendo a conferencias en cualquier ciudad por lejos que estuviera ¡hasta Salamanca fuimos! Y volvíamos para dormir a Montoro”.

En el año 86  nos arruinamos, vino la varroa de otros países y nos mató las noventa colmenas

Los apicultores Lorenzo Ruiz y Josefa Madueño
Los apicultores Lorenzo Ruiz y Josefa Madueño en su fábrica de Montoro

En los veinte años siguientes, dedicaron mucho trabajo los dos a la apicultura, siempre tomando decisiones conjuntamente, vendiendo la miel a otros productores y distribuidores, pero ya con la mirada puesta en realizar el envasado y etiquetado de su propia miel. “Todos producimos miel, pero la calidad es lo que marca la diferencia” comenta Lorenzo contundente, a modo de confidencia.

Todos producimos miel, pero la calidad es lo que marca la diferencia”

Durante su trayectoria, estuvo involucrado con varias asociaciones agrarias, siendo más activo en la COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos), de la que ha sido responsable en Córdoba durante dos décadas, hasta hace dos años que renunció a su cargo. El 90% del sector apícola en España, pertenece a la COAG.

Lorenzo, resalta el recuerdo de su compañero de Hornachuelos, Fernando Morales, quien también es conocido por su arduo trabajo en la industria de la miel. Juntos recorrieron medio mundo en búsqueda de preparación y solicitud de ayudas de la Unión europea. Como curiosidad, el apicultor nos cuenta uno de los objetivos conseguidos con esta labor: “En Andalucía, a diferencia de otras comunidades, los apicultores no pagan por utilizar los montes comunales, lo que ha permitido el crecimiento de asentamientos, pasando de 45.000 colmenas, en el año 2008, a más de 60.000 en la actualidad”. 

En Andalucía, a diferencia de otras comunidades, los apicultores no pagan por utilizar los montes comunales, lo que ha permitido el crecimiento de asentamientos

Le pregunto por la función polinizadora de las abejas. Lorenzo resalta la importancia de la práctica de la trashumancia para polinizar cultivos durante la flor “sin polinización no hay frutos”. Como ejemplo pone el naranjo que suele ser tres semanas y el almendro, mes y medio, lo que implica mover las colmenas según la temporada de floración. “El 75% de lo que comemos depende de los insectos polinizadores, siendo las abejas responsables del 93% de esta labor”, sentencia Lorenzo.

Y me da un dato clave: “En el año 1975 la FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, envió una circular a todos los gobiernos del mundo que decía que por cada dólar que se les daba a los apicultores, la sociedad recibía 20”. 

IMG-1_Entrevista_Lorenzo_Apicultor
Los apicultores Josefa Madueño y Lorenzo Ruiz en su fábrica de miel en Montoro

¿En qué época del año hacen la miel las abejas?

“En Andalucía durante todo año. Antes se castraba la colmena una vez por San Juan y todo se llamaba miel; ahora en cada floración se saca miel monofloral durante el año, primero el romero, el azahar ahora en abril, mil flores en mayo y luego eucalipto en julio. En septiembre mielato de la encina. octubre y noviembre es más tranquilo el trabajo de campo. Siempre se les deja miel para el frío”.

La apicultura presenta enormes desafíos. Le pregunto también por estos a mi entrevistado, que identifica 3 en concreto: “Principalmente, la varroa y la sequía, el cambio climático”. Lorenzo destaca la importancia de la labor científica en el Centro de Apicultura de Andalucía que, juntamente con la COAG y la Junta de Andalucía, reúne a investigadores y profesionales de la apicultura para dar soluciones a los problemas. La crisis económica también afecta a la apicultura, con menos subvenciones que los años anteriores.

Le pregunto a Lorenzo cómo es posible que todavía no haya contra la varroa un método eficaz para erradicarla. “No hay ningún descubrimiento nuevo. No se puede contra la varroa”. La varroa es un ácaro parásito que se extiende como una plaga dentro de la colmena y la destruye. Aquí en Andalucía, por el clima tan cálido, la abeja reina pone huevos todo el año, y en el mismo opérculo se mete la cría del ácaro y nacen paralelamente. Antes el 80% de la varroa estaba en el cuerpo de la abeja y 20% en el huevo, ahora es al revés.

Además de la miel, de la colmena se extraen otros productos. “Lo primero, la cría que sale o sacamos cada año, el núcleo como se llama ahora”. Me explica Lorenzo que antes se vendían, pero ahora deben dejarlos como reserva por los numerosos enjambres que mueren dentro de las colmenas a causa sobre todo de la varroa, ya que en Andalucía los apicultores suministran bebederos con miles de litros de agua durante el verano, para hidratar la colmena, una especie de aire acondicionado que hacen las abejas agitando sus húmedas alas. También se extrae el polen, la jalea real, propóleos, la cera.

El apicultor Lorenzo Ruiz en en Apícola Montoro
El apicultor Lorenzo Ruiz en en Apícola Montoro

Centrándonos en la miel, no puedo evitar pedirle que me revele cuál es la más adecuada: “La miel cristalizada es más pura todavía aunque aquí hay quien piensa todo lo contrario, es la que vienen buscando de otros países”, confiesa Lorenzo. Esto es importante porque hoy existen mitos, leyendas y, sobre todo, una gran confusión por la adulteración de algunas mieles que vemos a la venta en determinadas superficies. Lorenzo me explica entonces que el procedimiento de análisis que lleva la miel desde que se extrae de la colmena hasta que se envasa contiene una serie de controles técnicos y dos análisis: “Cada bidón va analizado de residuos que pueda absorber en todo el proceso y el monofloral, para catalogar cada miel, su calidad y procedencia”. En este sentido, la empresa Apícola Montoro, por su buen hacer, cuenta con numerosos premios a la calidad y presentación.

La miel cristalizada es más pura

Lorenzo y Josefa se han jubilado. Para ambos, la miel, más que un producto, es una pasión. Ahora, son sus hijos, Francisco y Juan Antonio, quienes llevan la empresa que cuenta además con siete trabajadores, y continúan con la representación en la COAG, pero Lorenzo y Josefa siguen vinculados en la actividad cada día “porque las abejas enganchan”.