martes. 25.06.2024

La delicada barrera que protege a Sevilla del desierto

La dehesa sevillana, un ecosistema que permite la vida en una tierra y un clima difíciles, también sufre las consecuencias de la sequía
Alcornoques tras la saca
Alcornoques tras la saca de corcho

La sequía que arrastra la región en los últimos años acrecienta aún más la delicada situación de la arboleda. Propietarios de las fincas y ganaderos se muestran preocupados por el futuro, aunque las últimas lluvias siembran esperanza en la dehesa sevillana.

La Sierra Norte de Sevilla es uno de los principales lugares en los que encontrar un ecosistema único derivado del bosque mediterráneo, la dehesa. Este sistema de uso múltiple del territorio, caracterizado por el control del matorral y la promoción de una diversa vegetación herbácea, permite mantener un frágil equilibrio entre las actividades ganaderas y la protección de la naturaleza en un entorno difícil con suelos poco fértiles y un clima marcado por la fuerte estacionalidad.

No obstante, en los últimos años debido a plagas como la “seca”, un hongo microscópico (Phytophthora) que afecta a encinas y alcornoques, la dehesa se encuentra en peligro de desaparición. La Fundación Monte Mediterráneo, dedicada a promover la explotación sostenible de la dehesa, advierte de que esta supone la última barrera frente al avance del desierto y de que, al ritmo actual, la mayoría de estos ecosistemas desaparecerán en los próximos 25-50 años.

Los árboles también echan en falta la lluvia, las encinas enfermas se acaban secando o partiendo

Los ganaderos de la dehesa sevillana, principales interesados en su mantenimiento y conservación, avisan de que los últimos dos años han sido especialmente duros para sus explotaciones, pero también para su arboleda. “Los árboles también echan en falta la lluvia, las encinas enfermas se acaban secando o partiendo” explica Juan Ramón Aranda, ganadero de la Sierra Norte de Sevilla. Esto es una preocupación más para los ganaderos de esta región, que ya se están enfrentando, entre otros desafíos, a una gran subida en los costes de producción y a la implementación de una nueva regulación de la Política Agraria Común de la Unión Europea.

Además del aprovechamiento ganadero, la dehesa proporciona una valiosa materia prima mediante la extracción del corcho de alcornoque, que aporta un gran valor a las zonas rurales y a los propietarios de las fincas. Esta actividad suele realizarse cada 9 o 10 años, aunque la falta de agua puede retrasar la saca del corcho por falta de grosor o humedad en la corteza del alcornoque. Antonio Álvarez, propietario de una finca en la localidad de Constantina, reconoce que el verano pasado se vio presionado a extraer el corcho, aunque las condiciones no fueran idóneas. Los altos precios que alcanzó este material, sumados a la incertidumbre de la sequía, hizo que muchos tomaran la misma decisión.

Una humedad inadecuada en el corcho como la que presentaban algunos árboles el verano pasado, hacen más probables los daños sobre la arboleda a la hora de la extracción. Algunas de estas heridas, como ya advirtió la consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía en 2010 en un informe del Grupo de Patología Agroforestal de la Universidad de Córdoba, pueden ser fatales para los alcornoques a largo plazo, propiciando el Chancro de Diplodia, una enfermedad provocada por la infección de un hongo y que tiene una incidencia especialmente alta en la Sierra Norte de Sevilla.

Otro de los aliados fundamentales de este ecosistema es el cerdo ibérico. Las encinas y alcornoques proporcionan alimento a estos animales desde octubre hasta marzo. En este periodo, conocido como la montanera, la dehesa se llena de esta raza, siendo este otro de los principales ingresos de estas fincas. Sin embargo, la falta de agua y las inusuales condiciones climáticas han llevado a que parte de las fincas se hayan quedado sin inquilinos por la escasez y las malas condiciones de las bellotas. “Llevamos dos años sin que la bellota se dé en condiciones, y ahora que hay bellotas no hay cerdos suficientes para aprovecharla” se lamenta Álvarez.  Esto afecta también al mantenimiento de la dehesa, que ve comprometido otro de sus principales atractivos.

No obstante, hay motivos para la esperanza. La lluvia de estos últimos meses ha dado un respiro a la dehesa y a sus protectores. Tomando como referencia los datos pluviométricos recogidos por Carlos Rico Benzal en el casco histórico de Constantina, la localidad más grande de la Sierra Norte de Sevilla, en lo que va de año hidrológico, ya ha llovido un 84% más que en todo el año hidrológico anterior. Esto lo notan los ganaderos que agradecen las lluvias en estos ecosistemas amenazados por el clima y las plagas. “Los años buenos como este nos dan ánimo para seguir apostando por la dehesa” explica Juan Ramón.