lunes 29/11/21
Pepe Romero, universitario

Erasmus en Marruecos "Es una experiencia muy bonita que me está dando grandes lecciones de vida"

Este joven de 20 años se encuentra realizando su movilidad de estudios en Rabat (Marruecos). Hoy nos cuenta su experiencia cuando decidió unirse a la comunidad musulmana en la celebración del Ramadán a fin de conseguir una inmersión cultural mucho más profunda

Pepe Romero Zapata junto a sus compañeras de piso
Pepe Romero Zapata junto a sus compañeras de piso celebrando un iftar tradicional en casa de uno de sus vecinos. © PEPE ROMERO

En cualquier ciudad, lo único que alumbra las calles desérticas a las tres de la madrugada son las farolas. Pero en los países musulmanes, durante treinta días al año, ya hay movimiento a esas horas. En efecto, hoy es uno de esos días, pues Pepe Romero se prepara un día más para cumplir con el ayuno del Ramadán.

Pepe no es musulmán ni practica el islam. Sin embargo, por razones culturales, durante el mes sagrado de los musulmanes, será como un creyente más, ya que evitará comer y beber durante las horas de sol. “Estoy de Erasmus en Marruecos y eso hace que no pueda vivir mi experiencia de la misma forma que si estuviese en un país europeo”.

Más allá de la supresión de los vicios terrenales —comer, beber, fumar o mantener relaciones sexuales—, el Ramadán representa uno de los pilares fundamentales sobre los que se construye el islam. De ahí que esta festividad deba entenderse como una purga física y espiritual. De hecho, es por todo esto por lo que Pepe piensa que “este mes supone un ejercicio espiritual muy fuerte”.

En concreto, el mes sagrado de los musulmanes comienza con la luna creciente —símbolo de la celebración— y termina con la aparición de la luna llena. Inevitablemente, esto hace que no todos los países musulmanes comiencen el Ramadán en la misma fecha, pues no todos ellos ven el comienzo de la luna al mismo tiempo, como consecuencia de su posición geográfica.

Es por ello por lo que Pepe, al residir en la capital marroquí, empezó el Ramadán el pasado miércoles 14 de abril a fin de “conseguir una mayor integración en la cultura y vivir una experiencia similar a la que se vive en los países cristianos durante la Cuaresma”. Esto, sin embargo, no significa que lo esté realizando de la forma tradicional, pues él piensa que también es necesario salvaguardar las diferencias entre las dos culturas. “Aunque esté celebrando el Ramadán, yo sigo bebiendo alcohol”.  

decidí seguir el Ramadán para conseguir una mayor integración en la cultura y vivir una experiencia similar a la que se vive en los países cristianos durante la Cuaresma

Pepe, de cualquier forma, no está llevando a cabo este sacrificio de manera individual, ya que sus otros compañeros internacionales también lo están realizando. “Esto surgió sobre todo de la idea generalizada de que, al estar viviendo en un país musulmán, el festejar el Ramadán era una experiencia única que no podíamos desaprovechar”. Además, aclara entre risas “si no estuviese ayunando en comunidad, probablemente bebería y picotearía entre horas”. De hecho, “el primer día no fui capaz de aguantar y me bebí un zumo natural que compré en uno de los puestos de la Medina”, reconoce en un arrebato de sinceridad.

Indudablemente, el ayunar es complicado —aunque no imposible—. De ahí que durante la celebración del Ramadán el ritmo de vida cambie por completo en los países musulmanes. “Normalmente las calles de Rabat se empiezan a llenar de vida en torno a las 10 de la mañana, momento en el que se comienzan a montar los primeros puestos callejeros. Sin embargo, durante el mes de Ramadán no es hasta la 11 de la mañana cuando se empieza a ver esto”. Por lo que es posible apreciar cómo el mes sagrado de los musulmanes, además de atrasar la hora del reino en 60 minutos, provoca una reducción de la jornada laboral. Pero todo esto tiene una explicación, y es que “los musulmanes durante el Ramadán duermen mucho, como resultado de tener menos energía”. 

Esto, sin lugar a duda, trae consigo ciertas repercusiones económicas negativas, sobre todo para los comercios más pequeños, como pueden ser los ultramarinos. No obstante, esto es algo que no ocurre con los restaurantes o los puestos de comida. “Los restaurantes, durante el mes de Ramadán, multiplicarían sus ingresos, puesto que a los musulmanes les gusta salir a la calle a celebrar el iftar —la ruptura del ayuno— en compañía de sus seres queridos”. Pero la situación de pandemia en la que vivimos ha hecho que la realidad vuelva a ser diferente un año más. Es por eso por lo que durante los treinta días que dura el Ramadán los restaurantes —a excepción de aquellos que prestan servicios a los no musulmanes— permanecerán cerrados, como consecuencia del toque de queda impuesto por el Gobierno. “La verdad es que me da pena estar viviendo esta experiencia en tiempos de Covid, pues esto está haciendo que, por ejemplo, no esté disfrutando plenamente de ese aspecto social que lleva implícito el Ramadán”.

los marroquíes son muy hospitalarios

De cualquier forma, “los marroquíes son muy hospitalarios”. De ahí que Pepe ya haya tenido la oportunidad de celebrar uno de los iftar en casa de sus vecinos. “Esto es algo que agradezco enormemente, ya que me está ayudando a descubrir cómo hacer una buena ruptura del ayuno”, reconoce con una pequeña sonrisa en el rostro.

Según Pepe, la celebración del iftar tiene su lógica. “No consiste en atiborrarte de comida una vez que el almuecín —miembro de la mezquita encargado de convocar a los fieles musulmanes para que acudan al rezo— termina la oración”, sino que supone un proceso lento a través del cual “vas dándole nutrientes al cuerpo para poder seguir sobrellevando el ayuno”.

Forma tradicional en la que se rompe el ayuno. ©WIKIMEDIA COMMONS

Forma tradicional en la que se rompe el ayuno. ©WIKIMEDIA COMMONS

La ruptura del ayuno, por tanto, comienza con la ingesta de tres dátiles y lben, una agria y saludable leche árabe. Seguidamente, se pone sobre la mesa un amplio surtido de entrantes con gran aporte proteico —dulces, carne y verduras—. Tras una pausa de una hora, durante la cual no se deja de beber té, se hace una segunda cena más ligera aprovechando los dulces que han sobrado de la primera fase. Y, por último, antes de ir a dormir, se vuelve a hacer una tercera cena mucho más contundente. En efecto, “el objetivo de esta última fase es la de aportar todos aquellos nutrientes que no se han conseguido proporcionar durante las ingestas anteriores”. Asimismo, es necesario mencionar que antes de la salida del sol, alrededor de las tres de la madrugada, se lleva a cabo el suhur —nombre que recibe la última comida antes del comienzo del nuevo ayuno—. Durante el suhur, por tanto, mucha gente suele ingerir dulces, fruta e, incluso, hasta un poco de yogur, puesto que se ha demostrado que el comer este tipo de alimentos antes del amanecer resulta bastante beneficioso para propiciar al cuerpo suficiente energía durante las próximas 15 horas. Sin embargo, más que por salud, muchos musulmanes llevan a cabo el suhur porque esta fase lleva implícita algunas connotaciones religiosas importantes.

El Ramadán, en general, “es una indulgencia plenaria muy larga que fortalece el espíritu de la persona”. En efecto, dicha festividad llama a la gente a la realización de actos bondadosos y a ser misericordiosos. De cualquier forma, esto no se podría entender sin el ayuno. A fin de cuentas, “el ayuno es lo que hace que sufras y, por ende, empatices con aquellos que no tienen nada”. De hecho, esto último es algo que se puede apreciar en la calle, pues “en Marruecos es la gente la que se encarga de ayudar a los más necesitados, ya que, a diferencia de España, aquí no existe una red de apoyo social tan organizada”. De ahí que, por ejemplo, “los restaurantes no tiren los excedentes de comida, sino que se los den a los indigentes”.

el ayuno es lo que hace que sufras y, por ende, empatices con aquellos que no tienen nada, me está haciendo ver lo privilegiado que soy

Todo esto, sin duda, “me está haciendo ver lo privilegiado que soy”. De cualquier modo, “esto es algo que no asocio únicamente al Ramadán, pues este privilegio lo empecé a sentir desde que comencé mi movilidad de estudios en Marruecos”. Al fin y al cabo, “la frontera Marruecos-España es la frontera con mayor diferencia de poder adquisitivo del mundo; supera en diez puntos la frontera Estados Unidos-México”. De ahí que “aquí se pueda comer con menos de 1€ en la calle”. Sin embargo, el privilegio del que goza Pepe no suele ser la situación de la mayoría. “Desde que empezó el Ramadán, los pobres de la Medina se amontonan en la puerta de mis vecinos para conseguir un poco de Harira —sopa tradicional del Ramadán— gratis”, revela. Por esa razón, él piensa que su movilidad de estudios no es un Erasmus al uso, sino que es mucho más. “Es una experiencia muy bonita que me está dando grandes lecciones de vida”.

 

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