domingo. 14.06.2026
Javier Gomá

“Quien tiene vocación no vive del arte, sino para el arte”

  • El filósofo inauguró el ciclo del 275 aniversario de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras con una reflexión sobre la vocación, la dignidad y el sentido de creación.
  • Mauricio Wiesenthal, Rogelio Reyes, René Jesús Payo y Santiago Muñoz Machado, completan esta serie de conferencias conmemorativas. 
El filósofo Javier Gomá en la Real Academia sevillana de Buenas Letras, junto a la directora del Aula de Cultura de la Universidad Loyola, Emma Camarero; el director de la Real Academia, Pablo Gutiérrez-Alviz; y los académicos Antonio Narbona y Fernando Iwasaki. Foto: Mario Fernández.
El filósofo Javier Gomá en la Real Academia sevillana de Buenas Letras, junto a la directora del Aula de Cultura de la Universidad Loyola, Emma Camarero; el director de la Real Academia, Pablo Gutiérrez-Alviz; y los académicos Antonio Narbona y Fernando Iwasaki. Foto: Mario Fernández.

En esta primera sesión pudimos disfrutar de una lección magistral del filósofo Javier Gomá, quien habló sobre la vocación como núcleo de la cultura, acompañado de Pablo Gutiérrez-Alviz, director de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras; Antonio Narbona, académico y catedrático de Lengua Española en la Universidad de Sevilla; Fernando Iwasaki, escritor, historiador, filólogo y profesor en la Universidad Loyola, y la también académica y directora del Aula de Cultura de Loyola, Emma Camarero.

Iwasaki fue el encargado de dar comienzo al acto, presentando al invitado a través del texto La constelación ilustrada, que conectó con una de las obras de Gomá titulada ¿Qué es la vocación literaria?, donde el autor reflexiona sobre la ejemplaridad y la dignidad, y la vocación como anomalía en un mundo de hechos ambiguos, fragmentarios y caóticos.

Después de esta introducción, Gomá arrancó comentando cómo la vocación ha sido “algo muy importante en mi vida” y agradeció el poder estar en un acto tan importante como la celebración del 275 aniversario de una institución tan honorable como la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. El ponente desató las risas del público cuando ironizó con que los escritores habían inventado actos como este para poder recibir aplausos del público, porque, a diferencia de los directores de orquesta, ellos no tienen un escenario donde presentar su trabajo.

El filósofo Javier Gomá durante su intervención en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Imagen: Mario Fernández.
El filósofo Javier Gomá durante su intervención en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. Imagen: Mario Fernández.

Después de esta introducción, dio comienzo la primera parte de la exposición de Gomá, que tuvo como eje central la vocación como esencia de la cultura. Sostuvo que esta propiedad reside en la vocación y, desde ahí, distinguió entre dos dimensiones dentro de una obra de arte: una dimensión social, donde toda obra es un acto comunicativo dirigido a un público; y una dimensión económica, donde la circulación de la obra requiere de mediadores, como ediciones o empresas culturales, para rentabilizarla. Además, para el pensador, “La esencia del arte tiene que ver con la vocación. Quien tiene vocación no vive del arte, sino para el arte”, expresó el filósofo. La vocación nace de forma espontánea y a partir de ese momento nos debemos en cuerpo y alma a la idea. Esto se asemejaría al Síndrome de Estocolmo, ya que el artista es preso de su propia idea, pero tiene la vocación de deberse a ella, con tal de verla hecha realidad. 

Nos debemos en cuerpo y alma a la idea

El autor de Filosofía mundana entiende también la vocación desde una perspectiva teológica, interpretándola en dos momentos clave: la visio y la misio. La primera consiste en esa epifanía que tiene el artista, donde visualiza esa idea, y la segunda en la devoción de ese mismo artista en convertir esa idea en una obra real. Para Gomá, existe una paradoja muy importante para comprender el sentido de vocación. “La vocación es claramente una anomalía psicológica que tiene como consecuencia un empobrecimiento vivencial o existencial”. Y tiene mucho sentido esta idea, porque cuando la vocación invade o infecta a una persona, hace que se concentren todas las facultades personales en una sola dirección, “empobreciendo”, como explicó, a la persona en su desempeño de otras tareas en el día a día. Se le puede llamar devoción o incluso algunas personas lo tacharían de obsesión, pero lo cierto es que es esta misma vocación la que otorga a la persona una intensidad excepcional y un estado de concentración total.

Después de esta primera intervención, Javier Gomá orientó el discurso a una de sus principales afirmaciones: “la filosofía es literatura”. Afirmó que la filosofía, efectivamente, era literatura y lo defendió frente a la filosofía académica que, según su postura, suele pasar a un plano más académico y convertirse en historia de la filosofía o en escritos diseñados para especialistas. Esto supone una barrera, pues revela que cada vez se produce más contenido con una complejidad reservada únicamente para aquellos que sean expertos en la materia en cuestión. Se pierde el sentido de crear para la gente. Gomá lo dice claro; “Yo hago una obra de teatro. Yo en esta obra de teatro solo pueden verla otros dramaturgos. Estoy en una ópera y solamente pueden venir otros compositores de ópera. Nos parece absurdo”, reveló el escritor de Tetralogía de la ejemplaridad.

La conferencia culminó con una interpelación de Fernando Iwasaki sobre la dignidad: "¿Por qué tendemos socialmente a atribuir la dignidad a lo público y a despojar de ella a las iniciativas privadas? Gomá respondió con claridad, explicando que la dignidad no es un atributo ni público ni privado, sino de cada individuo. Lo llega a definir como una excelencia propia de todas las personas, vinculada a la resistencia. Cada persona merece ser digna y es un atributo que nadie nos puede quitar ni nosotros podemos vender.