domingo. 07.06.2026

Ben Fox, el medallista paralímpico que aprendió a sostenerse sobre sus sueños

La historia del jugador británico de baloncesto en silla de ruedas que nació en Swindon con el síndrome de VATER, superó 38 operaciones y convirtió la adversidad en una carrera paralímpica de élite

Ben Fox jugando con la Selección de Gran Bretaña en París 2024_British Paralympics Association
Ben Fox jugando con la Selección de Gran Bretaña en París 2024_British Paralympics Association

Para entender al medallista paralímpico, hay que entender primero al pequeño Ben, un niño que nació en Swindon, en el suroeste de Inglaterra, y que conoció el frío del acero de un quirófano mucho antes que el tacto del cuero de un balón.

Ben Fox nació con el Síndrome de VATER, una enfermedad rara de malformaciones congénitas que puede afectar, entre otras zonas, a la columna, el corazón, el esófago, los riñones y las extremidades. En su caso, la enfermedad se tradujo en la ausencia de su pierna derecha y en problemas cardíacos que exigieron la escalofriante cifra de 38 operaciones. Estas fueron las cartas que le repartió la vida, unas cartas que decidió jugar “a su manera, y a contracorriente”, explica.

Ben Fox con 2 años
Ben Fox con 2 años

Sentado frente a mí, Ben transmite una serenidad, difícil de ignorar. No hay rastro de autocompasión en su forma de hablar ni en su manera de mirar. Es la tranquilidad de alguien que ha pasado media vida entre hospitales y ha aprendido a habitar su historia sin peso. Habla despacio, sin dramatismo, como quien ya ha hecho las paces con todo lo que le ocurrió. “Mis padres fueron quienes realmente vivieron aquellas operaciones”, afirma en la entrevista, mientras subraya la importancia del apoyo que recibió en casa durante toda su infancia, y concretamente en su colegio, Westlea Primary School, donde recuerda que le hicieron ver que su discapacidad no era un obstáculo para ser tratado con normalidad.

"En Westlea me dijeron algo que cambió mi destino: Mira, eres discapacitado. Está completamente bien. Es completamente normal”. Aquella validación fue el cimiento de su infancia en el colegio. Al no ser tratado como un "niño especial", pudo permitirse ser simplemente un estudiante, y esa ausencia de etiquetas fue la que le permitió ver la falta de su pierna derecha, no como un vacío, sino como algo ya incontrolable, algo con lo que seguir adelante.

El deporte, su camino

El deporte no llegó a su vida como una terapia paliativa, sino como un rugir de libertad absoluta. Antes de dedicarse al baloncesto en silla de ruedas, Ben jugaba al fútbol, pero el cambio definitivo llegó al conocer desde cerca, este otro deporte. “Al salir de fútbol me quedaba a ver los entrenamientos de baloncesto, y desde ese momento sentí profundamente que era lo que encajaba conmigo de verdad”, afirma con seguridad. A partir de ahí, Fox empezó a construir una carrera cada vez más sólida en el programa británico.

Fue en los Wolverhampton Rhinos, el equipo de la ciudad en la que vivía en Reino Unido, donde Ben empezó a demostrar que su corazón, a pesar de las cicatrices físicas, latía con una potencia que desafiaba cualquier diagnóstico médico.

En 2012, el mundo vio su sonrisa mientras portaba la antorcha olímpica, un símbolo de esperanza que, sin embargo, se queda corto para explicar su verdadera magnitud, y en 2017, comienza a formar parte del equipo que ganó el Mundial sub-23 en Toronto. Ben Fox comienza a representar a Gran Bretaña en categorías inferiores.

Ben Fox portando la antorcha olímpica en 2012
Ben Fox portando la antorcha olímpica en 2012

Es entonces cuando, él mismo, interrumpe el relato de sus éxitos deportivos para recordarnos que su victoria más rotunda no ocurrió bajo los focos de un estadio, sino bajo las luces gélidas del quirófano número 39. Poco antes del Campeonato Europeo de 2019, Fox se enfrentó a una cirugía cardíaca mayor por la que cualquiera habría buscado una excusa para detenerse y abrazar la seguridad del reposo, pero él buscó una razón para acelerar. Esa urgencia por volver a la silla y al tacto del cuero, era su forma de supervivencia. Así que, solo meses después de esta última operación, Ben no solo estaba compitiendo, sino que se estaba colgando el oro europeo en Polonia.

Ben Fox jugando en París 2024, con la Selección de Gran Bretaña_BBC
Ben Fox jugando en París 2024, con la Selección de Gran Bretaña_BBC

Tras esto, Ben considera que representar a Gran Bretaña hasta día de hoy es sin duda "un honor masivo". Ese mismo logro y recorrido le abrió la puerta de los Juegos Paralímpicos, donde se estrenó en Tokio 2020 y se colgó el bronce. Este fue el sueño indicado, cumplido en el momento equivocado, así lo cuenta. " Fue una experiencia muy diferente por el COVID. No había espectadores, no había ruido.” Fue una gloria silenciosa, una burbuja clínica que, aunque importante en lo deportivo, dejó un vacío en el corazón del atleta. No estaban ellos. No estaba su gente.

Por eso, mucho más tarde, cabe destacar su experiencia en París 2024, ya que fue su verdadera redención. Ben recuerda con una emoción vibrante el primer partido contra Alemania: “Mi momento favorito fue mirar a la grada y ver a mis padres allí. En Tokio no pudieron estar, así que verlos en París fue mi forma de decirles “gracias”. Gracias por las 38 operaciones, por los viajes al hospital, por apoyarme cuando no había nada. Ganar la plata dolió por la final perdida, pero tener a mi familia allí lo hizo el momento más especial de mi carrera".

El resultado deportivo acompañó a esa carga emocional. Gran Bretaña firmó en París la mejor actuación del equipo en 28 años y se llevó la medalla de plata tras perder la final ante Estados Unidos. Fox reconoció que dolió caer en el último partido, pero valoró la experiencia como una de las más especiales de su carrera por lo que significó compartirla con su familia.

Además, añade que el deporte de élite, para él es "como un negocio", un mundo de presión constante donde te juegas el puesto y los ingresos en cada tiro. "He sacrificado mucho, cumpleaños, incluso la boda de mi mejor amigo", admite. Por eso, tener a los suyos en París fue el pago a todos esos años de distancia.

El contraste de la gloria

Fuera de la selección, Fox ha desarrollado también una etapa estable en España. Vive en Albacete y juega en AMIAB Albacete, uno de los clubes de referencia del baloncesto en silla de ruedas español, donde compite desde hace años al máximo nivel. Esa vida en la ciudad manchega forma ya parte de su rutina personal y deportiva, lejos de la imagen de atleta que solo aparece en grandes torneos.

Ben Fox jugando con el Amiab Albacete
Ben Fox jugando con el Amiab Albacete

Hablando de cara al futuro, Fox ya piensa en Los Ángeles 2028, los próximos juegos paralímpicos en los que tendrá la oportunidad de competir junto a su selección de Gran Bretaña.

Su objetivo es volver a pelear por el oro con una motivación muy particular. En 2028 tendré 33 años. Mi número de dorsal es el 33. Espero que esa coincidencia sea el amuleto que nos dé por fin la medalla de oro", comenta con una sonrisa. Por lo que, tras el ciclo de París, Los Ángeles no es solo una meta deportiva, será el cierre de un círculo para un hombre que ha hecho del número 33 su identidad sobre las ruedas.

¿Cómo te gustaría que te recordasen algún día?

A pesar de su apariencia seria, él admite que "es cosa de ser inglés", bromeando. Ben Fox quiere que, cuando alguien escuche su nombre, la palabra que venga a la mente sea "Welcoming" (Acogedor). Quiere ser recordado como el atleta que siempre tuvo un minuto para dar un consejo, para ayudar a alguien a empezar en el deporte o para recordar que, no importa cuántas veces te abran el corazón en un quirófano, lo importante es lo que haces con él cuando se cura.

“Haz lo que te haga feliz. No te preocupes por lo que piensen los demás, porque la realidad es que nadie está pensando en ti, todos están demasiado enfocados en sus propias vidas e inseguridades"

Ben Fox_Amiab Albacete
Ben Fox_Amiab Albacete