Esta obra, que combina realidad y ficción, se propone como una lectura imprescindible para quienes creen en el poder de la empatía y la educación emocional.
El relato tiene como protagonista a Daniel, un adolescente de doce años que, agotado de los insultos, empujones y humillaciones que vive a diario en su instituto, busca refugio en la casa de su abuela, a la que entra literalmente por una ventana. Este acto simbólico da título a una historia que, como explican sus autoras: “está basada en hechos reales y sustentada en estudios científicos sobre el bullying, el trauma infantil y los recursos de resiliencia en la infancia y adolescencia”.
Dividido en tres partes, el libro está estructurado de forma accesible tanto para jóvenes lectores como para adultos. La primera y tercera parte, explican las autoras, pueden ser leídas por lectores de todas las edades; mientras que la segunda está enfocada especialmente al mundo adulto: familias, docentes, orientadores y otros profesionales educativos. El objetivo, como se menciona en la nota inicial, es que “pequeños y mayores comprendan juntos cómo suceden ciertas cosas y lleguen a acuerdos entre todos”.
La escritura de El niño que entró por la ventana se mueve entre la ternura, la crudeza y una profunda sensibilidad. A través de la mirada de Elena, hermana mayor de Daniel, el lector se adentra en un mundo en el que los niños son heridos en silencio, los adultos están sobrepasados, y donde, sin embargo, existen figuras como la abuela Enriqueta, la orientadora Elvira o, incluso, un ferretero llamado Manuel, que iluminan con humanidad las páginas del libro.
Blanca López Catalán, una de las autoras, declaró para esta redacción: “No queríamos escribir un libro ‘más’ sobre bullying. Queríamos construir una ventana abierta al diálogo, a la comprensión mutua, a lo que pasa en la cabeza y en el corazón de los chavales que sufren. Porque solo entendiendo ese dolor podremos comenzar a transformarlo en fuerza”. Añadió además que “el libro también busca inspirar a quienes están al otro lado: los que callan, los que miran, los que tienen miedo... para que descubran que todos podemos tener un superpoder si elegimos actuar desde el respeto y la compasión”.
Las primeras lecturas del manuscrito han generado entusiasmo. Una madre lectora comentaba: “Mi hijo de 13 años lo leyó del tirón y luego me pidió que lo leyéramos juntos. Nos hizo hablar de cosas que nunca habíamos hablado. Es un libro que no solo se lee, se vive”. Otro lector, profesor de secundaria, expresó emocionado: “Por fin un libro que retrata con verdad lo que pasa en muchos institutos. No hay moralinas ni tópicos, solo personajes reales y necesarios”.
La obra también destaca por su originalidad estructural y por ofrecer herramientas prácticas en el propio relato: reflexiones para el aula, conversaciones difíciles representadas con naturalidad y una perspectiva profundamente humana del conflicto escolar. Es, sin duda, una herramienta valiosa tanto para el ámbito educativo como familiar.
El niño que entró por la ventana estará disponible en papel y próximamente también en formato digital. Las autoras ya están preparando una serie de presentaciones escolares y talleres en centros educativos para acompañar el lanzamiento.
Con una narrativa que duele y abraza a partes iguales, Elisa Macías y Blanca López han creado una obra necesaria. Una historia que nos recuerda que, a veces, entrar por la ventana es el único camino que encuentra alguien que se siente fuera de todo... pero también, que siempre puede haber una salida si abrimos los ojos y los corazones a tiempo.
