El reloj marca las nueve de la mañana cuando un grupo de influencers sevillanas ponemos rumbo a Madrid para uno de los eventos literarios más esperados del año. Algunas éramos amigas, otras nos acabamos de desvirtualizar, pero si algo tenemos en común es la ilusión por asistir a la presentación de QuickSilver. El nuevo fenómeno de romantasy que arrasó en Estados Unidos convirtiéndose en número uno en la lista de bestsellers del New York Times ahora llega en su versión traducida a español de la mano de la editorial Faeris.
Como era de esperar, pasamos las más de dos horas de camino hablando de libros: aquellos que nos robaron el corazón, otros que no nos hicieron sentir tanto y, por supuesto, recomendando historias que hay que leer sí o sí.
Ya en Madrid, nos recoge un autocar para llevarnos a nuestro destino final: Yvelia, el escenario en el que los héroes de nuestra novela se enamorarán. Entre murmullos y emoción divisamos picos de montañas nevados a las afueras de la ciudad. Especulamos porque no sabemos dónde nos llevan. La expectación está por las nubes porque, para algunas, no es nuestro primer evento y sabemos que Faeris nunca decepciona.
Somos una reunión cuidadosamente curada de influencers literarios, todos ellos con un ejército de lectores detrás de sus pantallas. La editorial lo sabe: el camino al corazón de la nueva generación lectora es digital, y se escribe con trends en redes y reseñas de un minuto.
Al llegar, el reloj ya marca las cinco, pero no hay urgencia en el aire. La tarde cae suave sobre una hacienda que parece salida de entre las páginas cuando nos reciben los propios protagonistas de la novela: mesas decoradas con espejos rotos, cócteles de colores imposibles, y una escenografía digna de TikTok.
Nuestra primera tarea en Yvelia es dejar atrás nuestras ropas humanas para convertirnos en verdaderos faes. Y ya caracterizadas como las protagonistas de nuestras novelas de fantasía favoritas pasamos a una sesión de fotos que recordaremos para siempre. Las lluvias de las semanas dieron una tregua oportuna para dejar paso a pequeños rayos de sol que hicieron que el lugar rebosara magia.
Copa en una mano y cámara en la otra disfrutamos de una tarde en la que las conversaciones, que se cruzan entre risas, mezclan nombres de autoras con lecturas actuales y recomendaciones. Ya no basta con leer; ahora se recomienda, se edita, se debate. Leer hoy, también es compartir.
Y si las editoriales antes apostaban por carteles en librerías o reseñas en espacios culturales, ahora diseñan eventos como este, hechos a la medida de quienes llevan la voz del libro más allá de sus páginas.
QuickSilver no necesitó que su autora volara hasta aquí para conquistar al público; bastó con una puesta en escena estéticamente irresistible y una estrategia clara: dejar que quienes narran esta historia sean los mismos que la consumen.
Con la caída del sol se dio paso a una cena que disfrutamos distraídas por la necesidad de comentar todo lo que estaba sucediendo: desde un stand de maquillaje y tatuajes con temática fantasía hasta un espacio donde hacernos piercings, a los que debo confesar que no me atreví.
Aunque lo que en realidad nadie esperaba era acabar la noche al ritmo de los últimos temas de reggaetón con los protagonistas del libro. Por lo visto a Yvelia no ha llegado aún Bad Bunny pero eso no hizo que Saeris y Kingfisher disfrutaran menos.
El éxito de QuickSilver en Estados Unidos, con cientos de miles de copias vendidas y una comunidad online completamente enganchada a esta historia, anticipa lo que ha sucedido en España. Pero más allá del título puntual, lo que se confirma es una tendencia: la literatura juvenil, especialmente la fantasía romántica, ha encontrado un lenguaje propio y un público dispuesto a seguirla hasta el fin del mundo… o al menos hasta la próxima saga.
En el bus de vuelta, compartiendo precisamente asiento con el mismísimo Carrion Swift, nos despedimos de Yvelia. Aunque es más bien un hasta luego, porque pronto volveré a zambullirme entre sus páginas.
Al día siguiente, ya en el tren de vuelta a Sevilla entiendo que este no fue solo un evento de promoción. Fue una declaración. Una editorial diciendo: “Estamos escuchando”. Y una generación respondiendo: “Estamos leyendo”.
