Tenía trece años y no sabía coger una bandeja aquel verano en el bar La Cueva, en su pueblo natal de Fuente de Cantos (Badajoz). Así arrancó la carrera profesional de Secundino Barroso Moro, hoy propietario de REBAI (Repostería Barroso Iglesias), empresa de restauración colectiva que opera desde 2005 en cafeterías hospitalarias, estaciones de autobuses y superficies comerciales de Extremadura y, en los últimos años, también de Huelva. Décadas después, dirige más de seis centros y acaba de ganar la licitación de máquinas expendedoras en hospitales del área sanitaria de Huelva.
Su historia no cabe en un currículum convencional: sin título universitario, sin capital inicial y con su padre en situación de invalidez, Secundino ejerció desde adolescente como sustento económico familiar. La única fuente de ingresos estable era su madre, empleada durante años en la lavandería del colegio San Francisco Javier. «El liderazgo lo desarrolla cada persona dependiendo de las situaciones que se dan en la vida», afirma el entrevistado, con la tranquilidad de quien ha aprendido más en una barra que en cualquier aula.
Los primeros empleos: barra, mili y un plato de magro roto
Cuando aprobó primero de BUP, su tío convenció a su padre de alquilar el bar Tadeo para que lo gestionase Secundino. Entonces, el entrevistado compaginaba los estudios con el trabajo. En el bar Casino, ya en tercero y COU, llegó a tener entre cuatro y cinco empleados siendo aún menor de edad: una ilegalidad que terminó con una denuncia y una salida precipitada del negocio. «Tuvimos que salir por patas», recuerda con una sonrisa torcida.
Lo que siguió fue el bar Salas, descrito por nuestro entrevistado como «el primer bombazo». Tapas y bocadillos a 150 pesetas, litronas a 80, con tomates y cebollas del huerto familiar. Un negocio de subsistencia que funcionó gracias al trabajo colectivo: su padre, su madre, su hermana María José y su hermano Antonio. Los menores, Puri y Paco, eran aún demasiado pequeños.
La mili lo llevó a Ceuta, donde le asignaron la compañía de marina, le dieron pase de banda azul, vestía de paisano y entrenaba en el estadio Alfonso Murube. Allí aprendió también a hacer servicio de comedor. «Yo no sabía dar comedor», admite, trabajando en el hotel La Muralla en sus horas libres. Estuvo casi dos años.
De vuelta al pueblo, aceptó un puesto para la feria local. El episodio del plato de magro con tomate que la cocinera arrojó de malas maneras sobre la barra, salpicándolo entero, le bastó para despedirse en el acto. «Llama a Ramón que venga a trabajar, que yo me voy», dijo. Y se fue. Fue, curiosamente, el único período en el que cobró el desempleo: dos meses.
Los curas fueron a mi casa a decirle a mi padre que ellos me pagaban los estudios, que me matriculase en Cáceres», recuerda Secundino. «Yo no quise porque era el mayor de los cinco.» Una decisión que marcó el rumbo de toda su vida: en lugar de estudiar una carrera, siguió trabajando para sacar adelante a su familia.
«Los curas fueron a mi casa a decirle a mi padre que ellos me pagaban los estudios, que me matriculase en Cáceres. Yo no quise porque era el mayor de los cinco.»
- Secundino Barroso Moro
El salto empresarial: concursos públicos y hospitales
El giro definitivo llegó con la Feria de Sevilla. Juan, dueño de una discoteca del pueblo, lo contrató para gestionar la caseta de la Casa de Extremadura en la Feria de Abril. El segundo año le encomendó cinco casetas. Fue allí donde conoció a José Antonio Parra, quien se convertiría en su primer socio.
Juntos se presentaron al concurso público de la cafetería del hospital de Llerena. Ganaron porque incluyeron una máquina de café de cuatro grupos; el competidor solo ofrecía tres. Una diferencia técnica que resultó decisiva. Era el año 2005 y nacía REBAI.
Cuando Parra quiso expandirse a Mérida «no estábamos preparados», sostuvo Secundino. La sociedad se disolvió. Barroso se quedó con Llerena y el bar Galicia en Fuente de Cantos. Con los beneficios de ambos negocios compró su primer restaurante, su vivienda, una casa en la playa y un barco. «Ya era otra vida distinta», dice.
Después llegaron los concursos del hospital de Zafra, del Hospital Tierra de Barros (HTB) en Almendralejo, la estación de autobuses de Badajoz en 2014 y el Carrefour de Valdepasillas en 2015. En 2019, la licitación del hospital de Mérida. Un crecimiento sostenido y, según el empresario, sin pérdidas en ningún ejercicio.
El COVID: 85.000 euros invertidos y 600 menús diarios para salvar la empresa
Febrero de 2020: REBAI acababa de invertir 85.000 euros en la apertura de la cafetería del hospital de Mérida y otros 40.000 en vehículos. Semanas después llegó el estado de alarma por la pandemia del COVID-19, las cafeterías hospitalarias no podían cerrar.
El resto del personal fue a ERTE. Barroso solicitó 250.000 euros en créditos ICO, la línea de avales que habilitó el Gobierno para sostener la estructura empresarial, pagar el 30% de los salarios que el ERTE no cubría y mantener los suministros. «Al final sigues pagando a los trabajadores el treinta por ciento porque el ERTE solo pagaba el setenta», explica.
La tabla de salvación llegó a través de Cruz Roja: una empresa que distribuía comidas a menores desfavorecidos de la provincia de Badajoz necesitaba proveedor. Seiscientas comidas y cenas diarias para llevar. REBAI tenía instalaciones, mano de obra y la necesidad urgente de facturar. El acuerdo se cerró. La empresa reflotó, devolvió el ICO y continuó.
2025-2026: el año más fructífero
El ejercicio más reciente ha sido, en palabras del propio Secundino, el más productivo desde que fundó la compañía. REBAI ganó la renovación del concurso del hospital de Mérida, la del HTB, el contrato de máquinas expendedoras en Mérida y su área sanitaria, el concurso del hospital de Riotinto y la posterior ampliación de ese contrato hacia Huelva capital. La empresa declinó participar en la parte económica del concurso del hospital de Puerto Real «no nos pareció interesante», una decisión que ilustra la madurez de una empresa que ya puede permitirse elegir.
«Nunca he tenido baches. Siempre he triunfado. Nunca le he perdido dinero a un negocio. Ni en el COVID», sentencia Secundino con la misma rotundidad con la que lleva décadas tomando decisiones. Una afirmación que, lejos de sonar a fanfarronada, resume una trayectoria en la que cada crisis se convirtió en oportunidad.
Nunca he tenido baches. Siempre he triunfado. Nunca le he perdido dinero a un negocio. Ni en el COVID
A sus espaldas quedan décadas de barras, ferias, milis, hospitales, una pandemia y un hijo que nació con cinco meses y al que veía solo dos días en la incubadora de Badajoz porque el restaurante no podía parar. Lo que queda por delante, Secundino Barroso lo afronta con la misma lógica que lo ha guiado siempre: no cerrar un negocio antes de abrirlo, no perder dinero que no se tiene, y saber cuándo coger la bandeja y cuándo dejarla.
*Entrevista realizada en Fuente de Cantos (Badajoz). Las cifras económicas y cronológicas corresponden al relato del entrevistado. REBAI opera bajo la denominación Repostería Barroso Iglesias desde 2005.
