domingo. 07.06.2026

Ya llegó la primavera y con ella el mes de mayo… así empieza una sevillana que grabó el Coro de la Hermandad del Rocío de Sevilla y que ya se ha convertido en uno de los greatest hits de cada romería. Así que para ir calentando motores hoy se ha sentado con nosotros el conocido compositor de sevillanas Juan Manuel Vaz Rey.

Hablar de Juan Manuel es hablar de uno de los benefactores de la música rociera como hoy la conocemos, junto a Antonio Rodríguez Ferrera (compositor de las celebérrimas sevillanas Sueña la margarita, entre otras) y José Manuel Moya (miembro fundador del legendario grupo Los Romeros de la Puebla). Además de la Hermandad Matriz de Almonte, engrosa la nómina de dos de las filiales más antiguas como son Huelva, la filial nº 9, y Sanlúcar de Barrameda, la nº 5.

Su figura no se entiende sin los felices años 90, aquella época en la que las sevillanas eran un fenómeno a nivel nacional y rara era la vez en la que un coro rociero no salía por televisión. Durante esa década, en las manos de nuestro protagonista descansó la batuta más prestigiosa de las arenas: la del Coro de la Hermandad Matriz de Almonte. Bajo su guía, el coro no solo alcanzó cotas de excelencia técnica y grabó un total de seis trabajos discográficos, sino que puso banda sonora a hitos históricos, como la visita de San Juan Pablo II a la Aldea en junio de 1993, donde el pontífice ya elevado a los altares proclamó aquella célebre frase: “que todo el mundo sea rociero”. Él fue el encargado de que un puñado de voces sonaran con la precisión de una orquesta y la fe de un peregrino ante el mundo entero.

Como autor, ha logrado lo que pocos consiguen: que su nombre se borre para que sus letras pasen a ser del pueblo. Composiciones como "Con tus manos me quedo" o "Sentirse Almonteño" han dejado de ser canciones para convertirse en auténticas bandas sonoras que se escuchan en cada reunión, cada camino y cada momento en el que la Virgen está presente.

Hoy, lejos de acomodarse en la nostalgia, Juan Manuel se consolida como un artista independiente y total. Compone, arregla, produce sus propios temas y gestiona su presencia en el universo digital siempre con una máxima clara: “Más Rocío y menos guerras”. Con el lanzamiento de La Espera, su octavo álbum de estudio en solitario, demuestra que la madurez no es sinónimo de pausa, sino de una búsqueda constante por encontrar nuevos matices a un sentimiento que, en sus manos, siempre suena a estreno.

C: ¿Quién es Juan Manuel Vaz Rey?

J: Juan Manuel Vaz Rey es, ante todo, un apasionado de la música desde siempre. Durante muchos años la viví desde distintos ámbitos, pero hoy la vivo desde la libertad absoluta. Soy un cantautor autodidacta que escribe, compone, produce y comparte su música sin buscar nada a cambio, solo que llegue a quien la quiera escuchar. Vengo de una vida profesional fuera de la música y ahora, ya sin presión, hago lo que realmente me llena: crear y regalar canciones que salen del alma, de mis sentimientos y de mis vivencias.

C: Hablemos de Vivencias, un doble álbum que publicaste en 2019 que a mí me sobrecogió por los arreglos tan sencillos con los que contaba. ¿Cómo lograste ese sonido tan orgánico de forma autónoma en el estudio?

J: Vivencias fue un disco muy especial porque fue muy sincero. No estaba condicionado por nada y eso se nota. El sonido “de camino” no es tanto una cuestión técnica como emocional y quise utilizar el mismo sonido con que nos presentábamos, cuando yo dirigía el Coro Ntra. Sra. del Rocío de Almonte a la hora de la entrada en los escenarios. Busqué que todo sonara cercano, real y lo grabé de la misma manera que como cuando compuse en su día esos 34 temas, sin arreglos, solo mi guitarra y mi voz, con algo de percusión, pero por supuesto con la Virgen delante, ya que siempre me ha acompañado en mis composiciones alguna foto o cuadro suyo; y hablándole, recitándole y cantándole. Como tú dices en la pregunta, “el más sencillo” porque tiene verdad y humildad. Pensé que ese doble álbum, sería una recopilación de las composiciones rocieras más personales y había que grabarlas como pensé que a ella le gustaría.

Trabajando solo en el estudio tienes la ventaja de poder cuidar los detalles, pero también el reto de no perder la naturalidad. Intenté que la tecnología no se comiera la esencia. Menos perfección técnica y más verdad. Ahí está la clave.

C: En la Pontifical de 2023 y 2025, cantadas por el Coro de la Hdad. de la Puebla del Río y de la Hdad. de Huelva respectivamente, se escuchó una liturgia rociera acompañada de una orquesta sinfónica completa. ¿Cómo ves la incursión de nuevos instrumentos y arreglos en esta música que tiene un sello tan nuestro?

J: Creo que todo lo que sea sumar, bien hecho, es positivo. La música rociera tiene una raíz muy clara, muy auténtica, y eso no se debe perder. Pero eso no significa que no pueda evolucionar. De hecho, afortunadamente, que esto pase significa mucho para la música rociera. Podría parecer para algunos de inferior plano y que las orquestas se pongan con ella, la dignifica.

Los arreglos sinfónicos pueden aportar emoción, grandeza, incluso llevar un tema a otro nivel si se utilizan con respeto. El equilibrio está en no olvidar de dónde viene esta música. Si se mantiene la esencia, todo lo que venga a enriquecer es bienvenido, y te lo está diciendo alguien que en una de sus letras dice: “Una flauta rociera/Y el toque de un tamboril/ Y el pensamiento me lleva/A vivencias que sentí/También a ilusiones nuevas/Es un sonido distinto/Diferente a los demás/Y aunque no suelen estar/En las mejores orquestas/Para el rociero sí está/En la mejor sinfonía/Que por los caminos va”; reivindicando estos sonidos rocieros en las orquestas.

J: La Espera, que así se llama tu último trabajo, es un título con muchas lecturas en el mundo rociero (más aún en este 2026 en el que este mes de agosto, como cada siete años, viviremos el traslado de la Virgen del Rocío a su pueblo de Almonte). En este octavo lanzamiento, ¿Qué es lo que Juan Manuel ha estado esperando para contar y por qué ahora?

Es un disco muy personal. Tiene una lectura evidente dentro del mundo rociero, pero también una lectura más profunda, más vital. Todos vivimos en constante espera: de un momento, de una noticia, de una ilusión, de una respuesta… Este disco nace de esa reflexión; de entender que la espera también forma parte del camino y posiblemente porque la Virgen habrá puesto mucho de su parte. Pensé al hacer Toda mi Vida que sería lo último, pero me pidieron el verano pasado para un proyecto dos temas del traslado y al final se iban a quedar sin grabar. Algo me empujó a seguir escribiendo y un tema tras otro… nació La Espera.

C: En la década de los 90, la época del “boom” de los coros rocieros y las sevillanas, fuiste director del Coro de la Hermandad Matriz de Almonte. ¿Cómo se gestiona musicalmente a un grupo de voces tan potentes en una época donde cada disco era un fenómeno social? ¿En los ensayos era mucha la presión?

J: Aquella etapa fue muy intensa y muy bonita. Gestionar un grupo así es, sobre todo, una cuestión humana. Más allá de lo musical, hay que saber escuchar, unir, motivar y respetar. La presión existía, claro, porque había mucha expectación, pero dentro del grupo lo que predominaba era la ilusión. Cuando hay compromiso y ganas, las cosas fluyen. Musicalmente, se trataba de tener una línea muy clara; los demás Coros o grupos rocieros, solían cantarle a su Hermandad y a sus caminos, el de Almonte se centraba solo en la Virgen y nunca dejamos de lado las plegarias y los temas con profundidad que hicieran pensar y reflexionar a los rocieros para que el principal sentido de nuestra romería fuera la Virgen del Rocío. Eso nos diferenciaba, nos comprometía y nos unía. Un coro es una suma de almas, no solo de voces.

Juan Manuel Vaz Rey en su etapa como director del Coro de la Hdad. Matriz de Almonte. Fotografía cedida por el entrevistado
Juan Manuel Vaz Rey en su etapa como director del Coro de la Hdad. Matriz de Almonte. Fotografía cedida por el entrevistado

C: Pasando a hablar de tus temas más populares, “Sentirse Almonteño” es casi una declaración de principios. ¿Es más difícil escribir para tu propio pueblo que para el público general? ¿Se siente una responsabilidad extra?

J: Sí, sin duda. Cuando escribes para tu pueblo, no solo escribes una canción, escribes sentimientos compartidos, historia, identidad y sientes una responsabilidad mayor, porque sabes que la gente lo va a hacer suyo o no. Pero también tiene algo muy bonito: cuando conectas, la conexión es mucho más profunda.

C: Sigamos con otra de tus letras bandera como es “Con tus manos me quedo”. Cuando terminaste de escribirlas, ¿eras consciente de que acababas de crear un “himno” que se cantaría en cada rincón del camino o al menos imaginabas que podían llegar a donde han llegado?

J: No, en absoluto. Eso nunca se sabe. Uno escribe desde dentro, desde lo que siente, sin pensar en hasta dónde puede llegar. Este tema como la mayoría, la hice con la foto de la Virgen delante y le pregunté ¿de qué te escribo? y me llevó a sus manos… Luego el tema empieza a caminar solo y ocurre algo mágico: deja de ser tuya y pasa a ser de la gente. Eso es lo más bonito que puede pasarle a un compositor.

C: Volvamos a la tarde del 14 de junio de 1993, cuando Juan Pablo II visitó la Aldea y se postró de rodillas ante la Virgen. ¿Qué se le pasaba por el cuerpo al por aquel entonces director del Coro de la Hermandad Matriz mientras pensaba que estaba siendo parte de un momento para la historia de la Iglesia andaluza y española?

J: Fue un momento difícil de explicar con palabras. Sentías que estabas viviendo algo histórico, algo que iba a quedar para siempre. De ahí aquella sevillana que grabamos: “Con sentimiento profundo/Gritó con amor sincero/De profeta y pregonero/Y ojalá que todo el mundo/Llegara a ser rociero”. Había emoción, responsabilidad, y también una sensación de privilegio por poder formar parte de ese instante. Son de esos momentos que te marcan y que no se olvidan.

Juan Pablo II, orando de rodillas ante la Virgen del Rocío, en la tarde del 14 de Junio de 1993.
Juan Pablo II, orando de rodillas ante la Virgen del Rocío, en la tarde del 14 de Junio de 1993.

C: Viendo algunos videos de cuando el coro estrenaba trabajos discográficos, he visto que había una gran puesta en escena con un forillo que simulaba una candela, un simpecao, a veces un cuadro de la Virgen con flores y cúpulas de papel… ¿Por qué decidisteis dar ese salto en la puesta en escena?

J: Eran muy artesanales, pero hechas con mucho cariño. En aquella época queríamos dar un paso más, no solo en lo musical, sino también en lo visual, ya había cámaras grabando y esas presentaciones se emitían en directo por Cadena Dial. Su director general era un gran fan del coro. Nuestro coro tenía hasta su simpecao propio que llevábamos a todas las actuaciones. Buscábamos que el público no solo escuchara, sino que también sintiera lo que estaba viendo. Era una forma de cuidar el espectáculo y hacerlo más completo.

C: Fuiste el responsable de que el Coro de la Matriz rozara la perfección en una etapa de máxima exposición mediática. Hoy, cuando estás solo en el estudio frente al ordenador, ¿es ese Juanma director el que le dicta las órdenes o has aprendido a ser más benevolente con tu propio trabajo como solista?

J: Ahora soy más tranquilo, más flexible conmigo mismo. Antes había más exigencia externa, ahora hay más libertad. Sigo siendo exigente, pero desde otro lugar. Disfruto más del proceso. Ya no hay presión por llegar a ningún sitio, solo por hacer las cosas con verdad.

C: Para un joven compositor que quiera escribirle a la Virgen, ¿Cuál sería el consejo fundamental que le daría la voz de la experiencia?

J: Que sea honesto. Que no escriba pensando en lo que puede gustar, sino en lo que siente de verdad. Y que tenga paciencia. Las cosas importantes necesitan tiempo.

C: Para terminar: una hora del camino, un instrumento, una sevillana que te hubiera gustado escribir y el Rocío, en una palabra.

J: Una hora: La del Ángelus y si es en el “Rengue de Juanma” camino de Sanlúcar de Bda. “Lo más”

Un instrumento: la guitarra.

Una sevillana: cualquiera que haga sentir a los corazones rocieros.

El Rocío, en una palabra: Hermano.