Me dirijo a las Tres Mil Viviendas de Sevilla, un lugar muy estigmatizado por los conflictos y reyertas que ocurren con frecuencia y que han generado una sensación de inseguridad a gran parte de la población. Sin embargo, poco a poco se está intentando dar visibilidad a otra realidad no tan negativa, donde también hay personas que luchan por salir adelante. A medida que me acerco, en coche, observo cómo el ambiente va cambiando: las personas se apostan en las calles con sillitas de playa, visten de manera más informal y parece que entre ellos todos se conocen.
En la parroquia de Jesús Obrero me recibe D. Sergio Codera, un sacerdote salesiano que llegó al barrio en 2024 tras siete años en los Salesianos de la Santísima Trinidad. Es conocido por su gran labor divulgativa en redes sociales con cerca de 25.000 seguidores en Instagram donde muestra el día a día del barrio. Junto a él, está Ahmed, un joven marroquí de 18 años que ha encontrado en el barrio una nueva oportunidad tras pasar por varios centros de acogida.
Tras el saludo inicial, nos dirigimos hacia una sala de la parroquia habilitada como espacio de pódcast. Este lugar está pensado para el encuentro y la participación de los jóvenes del barrio. Por tanto, no hay mejor manera de dar comienzo a la entrevista.
PREGUNTA. Tras siete años como coordinador de pastoral y profesor de religión en los Salesianos de la Santísima Trinidad, llega como párroco a las Tres Mil Viviendas. ¿Cómo se produce este cambio y con qué actitud afronta este nuevo destino? ¿Se planteó en algún momento no aceptarlo?
RESPUESTA. Fue una llamada del superior de los salesianos. Me pidió que lo pensara y lo rezara. La verdad es que no me lo esperaba. Recuerdo que fui a la capilla y me emocioné al pensar que me habría gustado poder contárselo a mi madre. Fue un momento muy especial y no dudé en decir que sí.
P. Desde su experiencia en el barrio, ¿Cómo describiría la realidad de las Tres Mil Viviendas frente a la imagen que se tiene desde fuera?
R. Para muchos es su salvación porque aquí han encontrado una oportunidad, sobre todo personas que vienen de fuera. Otros vecinos, sin embargo, ven que hay cosas que no avanzan y les gustaría que cambiaran. El vandalismo o la inseguridad hacen que muchas personas mayores no salgan con tranquilidad.
P. En un entorno con tantos jóvenes, ¿Cuáles son las principales dificultades que encuentran y cómo se trabaja desde la parroquia para ofrecerles otras alternativas?
R. Es complicado porque muchos no tienen referentes claros. Lo primero que hay que hacer es ganarse su confianza. Por eso, esta casa está siempre abierta. Hay un centro juvenil, actividades deportivas y damos apoyo a más de cien niños. Aquí se sienten acogidos y poco a poco se van acercando a nosotros. Es un espacio donde pueden sentirse escuchados y donde pueden empezar a plantearse un futuro distinto.
Lo primero que hay que hacer es ganarse la confianza de los jóvenes
Entre esos jóvenes se encuentra Ahmed, un chico de 18 años que desde hace dos meses vive en las Tres Mil Viviendas. Su historia conecta directamente con muchas de las realidades que explica el sacerdote y permite entender cómo se vive el barrio desde dentro.
P. Llegaste a España siendo muy joven. ¿Cómo fue ese proceso desde que tomaste la decisión de salir de tu país?
R. Llegué en patera en 2021 cuando tenía 13 años. Salí de mi país solo por un problema de salud y estuve varios días en el mar hasta que nos rescató Cruz Roja.
P. ¿Qué recuerdas de esos primeros momentos?
R. Estuve tres días en un albergue y pasé 25 días sin poder hablar con mi familia. Mi madre pensaba que había muerto porque no tenía noticias mías. Cuando conseguí contactar con ellos, se sorprendieron mucho de que estuviese aquí.
P. A partir de ese momento comienzas una nueva vida. ¿Cómo han sido estos años y cómo los has vivido personalmente?
R. He pasado por distintos sitios desde que llegué a Sevilla. Primero estuve en Algeciras, luego en Cádiz y después en Sevilla, porque aquí podían tratarme mejor la enfermedad. Ha sido un proceso difícil, pero poco a poco he ido adaptándome.
P. ¿Qué ocurre cuando cumples la mayoría de edad?
R. Cuando cumplo 18 años ya no puedo seguir en el centro de menores. En ese momento me dicen que tengo dos opciones: o ir a un piso o quedarme en la calle. Yo no tengo familia aquí, así que decido ir al piso. Para poder entrar tuve que hacer una entrevista y así fue como vine a la parroquia de Jesús Obrero, donde me dieron la oportunidad de quedarme.
P. Después de todo ese recorrido, ahora vives en las Tres Mil Viviendas. ¿Cómo es tú realidad aquí ?
R. Llevo poco tiempo, pero aquí me han ayudado mucho. Me acompañan a las citas médicas y tengo apoyo en el día a día. Es un sitio donde me siento acogido. Hay dificultades, pero también hay personas que te ayudan y te dan oportunidades.
P. Ahora mismo, ¿estás estudiando?
R. Sí. Estoy haciendo una formación profesional de alojamiento y lavandería para poder sacarme la ESO. Al principio no entendía el idioma y, por eso, no me dio tiempo a terminarla.
P. ¿Y seguir estudiando es una decisión tuya o es algo necesario para poder estar aquí?
R. Es necesario. Para poder quedarme tengo que seguir con la formación. Si lo dejo, ya no podría seguir aquí, así que es una oportunidad que tengo que aprovechar.
P. Después de todo lo que has vivido ¿Qué ha sido lo más duro para ti?
R. Lo más difícil fue despedirme de mi madre porque no sabía si la iba a volver a ver. Pero, esta Semana Santa, tras cinco años sin ver a mi familia he podido volver a Marruecos.
P. ¿Qué esperas de aquí en adelante?
R. Quiero formarme, trabajar y salir adelante.
P. Después de este testimonio le pregunto a D. Sergio, mirando al futuro, ¿Cuál es el principal reto al que se enfrentan ahora mismo las Tres Mil Viviendas ?
R. El principal reto es la normalización del barrio. Que pueda funcionar como cualquier otro; con servicios, con transporte, con oportunidades y que la gente pueda hacer su vida con tranquilidad. Ahora mismo hay muchas dificultades, desde problemas de convivencia hasta limitaciones en el acceso a recursos básicos. Desde aquí intentamos aportar lo que podemos, uniendo a personas, a familias, e instituciones, creando espacios donde los jóvenes tengan oportunidades y puedan salir adelante.
