jueves. 04.06.2026

Intérprete de voz flamenca y mirada internacional, “La Trini" es una artista que escapa a las etiquetas fáciles. Me recibe en su escuela, un lugar lleno de vida y de detalles que respiran arte. Entre espejos, instrumentos y fotos que narran su historia, se mueve con la misma soltura con la que lo hace en el escenario. Trinidad Montero defiende con convicción una manera personal y auténtica de entender el arte. 

A veces el arte no se elige: simplemente llega. Esto fue lo que ocurrió en la infancia de Trinidad Montero, más conocida como “La Trini”, cuando con apenas nueve años se sentó frente al televisor y sintió una llamada clara y poderosa. El programa infantil Sopa de Ganso, presentado por Rosa León, fue el primer escenario —virtual, en ese momento— en el que la futura artista se imaginó actuando. Le pidió a su madre ir, y tras un proceso de casting, viajó con su familia a Madrid para grabarlo. Cantó “El clavel”, una copla, acompañada de una pequeña orquesta. Aquel episodio fue más que una experiencia infantil: fue una declaración de intenciones. La Trini había nacido como artista.

Aunque en ese instante no fuera plenamente consciente, aquella actuación marcó un camino que no tendría vuelta atrás. Con el paso del tiempo, empezó a plantearse seriamente la posibilidad de dedicarse al arte como carrera consolidándose como una vocación firme. A los catorce o quince años, su entorno comenzó a girar en torno a la música de manera natural. A esa edad ya sentía que no había otra opción vital. "Realmente es que no sé si me planteé otra cosa en la vida que no hubiera sido dedicarme profesionalmente al arte", afirma al rememorar sus comienzos.

Su ciudad natal, Córdoba, fue la cuna de sus primeras influencias. “La Trini" recuerda con afecto que creció en una casa donde el flamenco y la copla eran parte fundamental del día a día. Voces como las de Rocío Jurado, Isabel Pantoja o Lola Flores resonaban a menudo en su hogar y se convirtieron en una especie de escuela emocional y estética. Sin embargo, su curiosidad pronto la llevó a explorar otros horizontes sonoros. Durante su adolescencia, comenzó a sentir una fuerte atracción por la música latinoamericana, el feeling cubano, el jazz y la bossa nova. Esa fusión entre lo local y lo global fue configurando una identidad musical singular. “Empecé a investigar cómo podía mezclar lo que yo era a nivel andaluz con lo que también era a nivel internacional”, explica.

La construcción de su estilo fue un proceso orgánico. No hubo una ruptura drástica con sus raíces, sino una evolución natural en la que las referencias tradicionales convivieron con nuevas influencias. La Trini insiste en que su propuesta artística no surgió de una estrategia, sino de una inquietud genuina: la necesidad de encontrar una voz propia que pudiera dialogar con el mundo sin renunciar a lo que ella era. “Yo nunca he sentido que haya querido inventar nada. Siento que todo me ha ido viniendo de forma natural”. 

Su visión del arte se nutre también de las experiencias vividas fuera de España. En particular, menciona Japón como uno de los países que marcaron un antes y un después en su carrera. Donde viajó por primera vez con apenas dieciocho años, una aventura que describe como un “despertar” emocional y artístico. Allí descubrió otro modo de entender la música y la vida, y aprendió a valorar la riqueza de las diferencias culturales. “Viajar te abre el corazón, te abre la mente… te despierta”. 

Cartel del concierto “Saeta25” en Córdoba. Foto_María Muñoz Márquez
Cartel del concierto “Saeta25” en Córdoba. Foto_María Muñoz Márquez

Pero el camino no ha sido fácil. Detrás de cada proyecto y cada canción hay mucho estudio, esfuerzo y decisiones difíciles. La Trini es clara al afirmar que el talento, por sí solo, no basta. “El talento no te salva”. Reconoce que ser artista implica un compromiso total con el trabajo, una entrega constante y la capacidad de sostener emocionalmente lo que se desea transmitir. En su caso, esa intensidad emocional ha sido una bendición y un reto a partes iguales. “Soy un volcán emocional”, confiesa, y revela que ha necesitado tiempo y formación para poder canalizar esa energía en escena de forma efectiva.

Soy un volcán emocional

En sus espectáculos, La Trini busca provocar emociones reales, establecer una conexión íntima con el público. No le interesa la perfección técnica si no hay verdad detrás de cada nota. Su prioridad es contar historias, tocar el alma de quien la escucha. Por eso, cada concierto es también una especie de ritual, un espacio de encuentro y entrega. Le gusta decir que en el escenario se produce un “clic”, un momento en que todo cobra sentido y la música se convierte en una experiencia compartida.

En los últimos años, su carrera ha seguido creciendo. Ha lanzado discos, ofrecido espectáculos en diferentes países, colaborado con artistas de prestigio y explorado nuevos caminos sonoros. Su estilo se mueve entre el flamenco, el jazz y la música de raíz, con letras que hablan del amor, el desarraigo, la esperanza y la memoria. Cada canción es un testimonio de vida, un fragmento de su historia que se transforma en relato colectivo.

Al hablar sobre cómo ha sido recibida su propuesta artística en el sector, La Trini reflexiona sobre las dificultades que enfrentan quienes se desmarcan de lo establecido. Asegura que su propuesta, aunque clara en intención y forma, no siempre encaja en los espacios ya configurados por la industria “quedando fuera de los circuitos, por ser una propuesta diferente”. En un entorno donde las líneas están marcadas y hay poco margen para lo híbrido o lo no convencional, ha tenido que abrirse camino con paciencia y convicción, defendiendo una manera de hacer arte que no responde a etiquetas fáciles ni a tendencias del momento.

A lo largo de la entrevista, es evidente que La Trini no concibe la música como un oficio, sino como una forma de estar en el mundo. Todo en ella —desde su manera de hablar hasta cómo se relaciona con los recuerdos y los deseos— está atravesado por la sensibilidad artística. No interpreta personajes: se muestra tal como es, con sus dudas, sus certezas y su pasión intacta. Y quizás esa honestidad sea la clave de su magnetismo.

Hoy, La Trini sigue caminando. No le interesa encajar en moldes ni seguir fórmulas, afirmando que está “en una época vital y de carrera donde ya no siento que haya que demostrar nada a nadie”. Prefiere el riesgo de lo auténtico. Cree en la música como puente, como lenguaje universal, como espacio de libertad. Y cada vez que sube a un escenario, reafirma esa creencia con cada nota que canta.

Espectáculo “La cosa esta que Trini”. Foto_Web Oficial
Espectáculo “La cosa esta que Trini”. Foto_Web Oficial